a celebración del Día de Muertos es una de las más ligadas a la cultura mexicana. Llenos de colorido y con una visión positiva y festiva, los festejos del país norteamericano son famosos en todo el mundo por su espíritu optimista y divertido. Por eso, en 5 Gallos, el nuevo espacio del barrio de Salamanca que hermana las gastronomías de México y el País Vasco,celebran su propia y auténtica versión del ‘Halloween mexicano’ como mejor saben: con una deliciosa propuesta imperdible en estas fechas: un pan de muerto totalmente casero, el icónico bollito que se come en el país en el Día de Muertos y en los días previos. En 5 Gallos, para crear una experiencia más memorable y auténtica, lo acompañan con un chocolate caliente bien típico del país, especiado con canela, azúcar, almendras y base de agua (para los más amigos de las notas profundas del cacao) o de leche (más cremoso y dulce), a gusto del comensal.
El postre (el bollito se sirve con chocolate) tiene un precio de 11 euros y solo estará disponible el 1 de noviembre en el restaurante en su horario habitual de almuerzos (de 13.00 a 16.00 h) y de cenas (de 20.00 a 01.00 h). Como es norma de la casa, tanto el pan de muerto como el chocolate se preparan de manera artesanal en la cocina de 5 Gallos, regentada por Andoni Alzugaray, el joven vasco-mexicano a cargo de la propuesta mestiza y cuidada del espacio.
Una pieza de repostería en auge con siglos de tradición
En una ciudad donde hay un gran auge de obradores de alta calidad, el pan de muerto se ha convertido en un reclamo cada vez más presente en sus mostradores. Algo también que se explica por el creciente número de mexicanos que eligen Madrid como su lugar de residencia. Pero no se trata de un dulce nuevo, sino que hunde sus raíces en el encuentro de la tradición indígena y la llegada de los conquistadores españoles al actual México en 1519.
Hoy día, el pan de muerto es uno de los grandes símbolos gastronómicos del Día de Muertos en México, una celebración que tiene lugar los días 1 y 2 de noviembre y que rinde homenaje a los seres queridos que ya no están. Como explica el chef de 5 Gallos, Andoni Alzugaray, «este dulce se parece al roscón de Reyes español, pero es más compacto y menos aromático, pues no se corona con frutas escarchadas, sino con azúcar, y tiene una fisonomía muy diferente. En 5 Gallos trabajamos una masa muy esponjosa, a base de harina de trigo, huevos, mantequilla, azúcar y levadura, aromatizada con agua de azahar y ralladura de naranja y, por supuesto, con su icónica forma: redondo y coronado por sus típicas tiras, que simulan ser las tibias cruzadas, y la pequeña esfera que juega a ser una calaverita».
Para hacer la experiencia aún más completa, Alzugaray y su equipo lo sirven con un chocolate caliente típico de su país natal. «Nuestro chocolate a la taza también es diferente. En México es más fluido y aireado, con notas de especias, y es lo que hemos querido traer hasta nuestra casa de Madrid. Lo preparamos con canela, azúcar y almendras, y se puede elegir entre el chocolate con leche, más cremoso, y el de base al agua, para aquellos que disfrutan más de los matices naturalmente algo amargos del cacao. En cualquier caso, no se nos ocurre mejor compañero para el pan de muerto que esté rico y reconfortante chocolate». Para esta reconfortante bebida, se han decantado por emplear chocolate de la firma Mayordomo, una compañía de Oaxaca muy conocida por sus galardones internacionales y la calidad de sus productos.
En cualquier caso, este postre es el broche perfecto para su propuesta de raíz vasca y alma mexicana, basada en el mejor producto español de pequeños productores, el respeto por la temporada y una forma de trabajar marcada por el cuidado y el oficio. Su carta, en constante evolución, apuesta por elaboraciones hechas prácticamente desde cero, donde conviven sabores y recuerdos de ambos mundos. Una propuesta reconocible y honesta de la mano del chef Andoni Alzugaray, formado en la prestigiosa escuela de cocina de Luis Irizar, que desarrolla una cocina donde la tradición gastronómica vasca se encuentra con ingredientes, salsas y matices mexicanos. Entre sus platos más representativos destacan el taco Baja, inspirado en la ciudad de La Paz y salsa de la casa; la pluma ibérica para taquear, acompañada de aguacate y pico de gallo; o la txuleta de vaca vieja con pimientos del piquillo confitados, junto a clásicos reinterpretados como la gilda, una versión propia del tradicional pintxo vasco.

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